4 de marzo de 2009

Anticipo

Na sólo poner lo del cursete.

#Sólo a ella#

Se muerde el labio inferior mientras busca en el entorno algo que no parece encontrar. Finalmente, baja la vista para disimular su nerviosismo. Su transcurrir se asemeja bastante al de un precioso cisne tratando de hallar peces en medio de un bucólico estanque sureño. No hay nadie más en la terraza costera, sólo ella.

Cuando llego yo, ya lleva aguardando 5 minutos y, por descontado, se ha acomodado al ambiente que le rodea, integrándose sin dificultad en aquella característica postal de principios de verano. Allí pace ella, embutida en la discordante butaquita de mimbre mientras sus pies de bailarina yacen, colgando plásticamente, bajo la elegante mesa ambarina del centro. Sus manos, apoyadas sobre la mesa, señalan una taza de café mediana y un libro de bolsillo aún falto de uso.

― Hola― exclamo mientras me aproximo a grandes trancos ― Siento la tardanza― Le doy un pico y me siento al compás del ronco estrépito de la silla ― Ha sido culpa de los semáforos que me tienen manía.
― Normal, como la mitad del tiempo no les haces ni puñetero caso.
― Es que son muy pesados con sus postes altotes y sus luces fosforitas, se tienen muy creído eso de andar evitando accidentes. Es como si yo le diera grandilocuencia a no asesinar cuando me entran ganas.
― Se llama previsión y civismo, no grandilocuencia. Además si tú intentarás asesinar a alguien lo mismo tendríamos que ir a rescatarte a urgencias. Por media torta bravucón.
― Como dices eso, mujer, si yo dí dos lecciones y media de Feng sui y otra más de polka con acordeón.
― Sabes que a no ser que el acordeón escondiera un kalashnikov con ese bagaje no impresionarías ni a un niño de 8 años.
― Es que yo me conformo con los de 7, son el futuro. Los de 8 ya están podridos. Una mala generación idiotizada con lo que pasara el año antes que nacieran los de 7― ella sonríe por compasión.
― ¿Qué te apetece, zángano?
― ¿Qué has pedido tú?
― Un café con leche y media tostada con aceite y sal.
― Que poco original.
― No sabía que tuviera que innovar a la hora de decantarme por lo que me gusta.
― Sí, es un fallo muy común en la gente mediocre.
― ¡Hala! te has pasao. A ver listo ¿Qué vas a tomar tú?
― Lo mismo.
― No hay cosa más triste que un mediocre copión― Profiere con cierto regodeo.
― Es qué no me apetece pensar, qué aún es mediodía.
― ¿Qué vamos a hacer esta noche?
― No sé, respirar, comer, beber y esas cosas que hace la gente chalada con tal de sobrevivir.
― Uy! Joder, que pejiguero te has levantado hoy. Con lo majo y calladito que estuviste anoche.
Le clavo la mirada mientras le susurro ― Es que anoche, no se lo digas a nadie, pero quería― Trato de dotar de un suspense misterioso al final de mi alegato ― Quería violearte― Acercamos instintivamente nuestras caras.
― Yo también, imbécil― Me lanza un tímido morreo y acaricia con su nariz la mía.

Diviso al camarero. Es un tipo alto, moreno y desgarbado, bastante desdeñoso (desmañado*) en su proceder. Acude hasta mí sin demasiado interés, anota en su libretita mi almuerzo, y se dirige parsimoniosamente hacia dentro del local.

Por fin estamos a solas. Esta guapa. Las gafas de sol sujetan su larga melena chocolate. La nata de su tez me provoca deseos de comérmela a bocados. Sus pupilas, turmalinas impuras, rugen tenues lagrimillas por culpa de una luz solar deliciosamente entrometida. Pequeñas pizcas ocres se encadenan de forma coqueta por sus mantecosos mofletes. Nos conocimos hace apenas 2 semanas pero, estos vuelcos de campana con los que mi corazón celebra su compañía me hacen entender, aunque no sé lo vaya a decir aún, que la quiero sólo a ella.

FIN

Ya pa finales de este mes pondre una nueva entrega de mi enigmático compañero de correrias.

Na a cuidarse. Un abrazo

3 comentarios:

Vahinilla dijo...

oooooooooooooohhhhhhhhhh!!!!!!!!!!
que potito.

atenea dijo...

Máááááááááááááááás
Eva

sheneh dijo...

k komentarios tan guaposs. asias a ambas. Pero tardaré una miqueta, la verdad.
el próximo es un trocico dificil de apuntalar.
una abraçada